Yoga para Niños - Una experiencia

Muy ilusionada, al finalizar una formación de yoga para niñ@s, comencé a dar mis primeros pasos dando clases extra escolares de yoga en una escuela primaria.  

Aunque tengo cierta experiencia en acompañar niñ@s pequeñ@s... Aunque en todas las formaciones de yoga para niñ@s te alertan de que con l@s niñ@s hay que estar preparados para improvisar SIEMPRE... Aunque nos hayamos repetido una y mil veces aquello de "no generarnos expectativas"... Aún con todo esto en la mano, aquellas clases eran, lejos, mucho más complejas que cualquier escenario imaginado.

Niñ@s que llegan a clase arrastrando chaquetas y mochilas, con hambre algunos, recién merendad@s otr@s... much@s exhaust@s después de todo un día en el cole; otr@s con ganas charlar con sus amig@s; otr@s de jugar; otr@s no tienen fuerzas ni para levantarse del suelo. Algun@s tienen ganas de dibujar, otr@s de seguir discutiendo con el/la compañer@; otr@s han traído un dibujo y quieren enseñártelo, otr@s quieren hacer una guerra de cojines (porque estamos en la sala de psicomotricidad y todo el material está a la vista...), otr@s leer un cuento en paz y tranquilidad.

Durante los primeros encuentros, mis clases preparadas, mi preciosa caja de materiales, mis músicas, mis mandalas.... todo quedaba en el tintero y me daba la sensación de que toda la hora me la pasaba intentando "colar" ejercicios de yoga a niñ@s que, en realidad, no tenían ni ganas ni energía para sostener una clase más en su día.

Hasta que decidí dejar de forzar las cosas. Y me animé a  hacer lo que desde un inicio sentía más orgánico: dejarles Ser. Y acompañarles en el proceso.

A partir de ese entonces, durante el rato que duraba la la clase, aquell@s niñ@s se entregaban a disfrutar de una hora de encuentro consigo mism@s y con sus compañer@s, donde el yoga era solo un apalabra que se oía de vez en cuando, escondida entre charlas, cojines, juego, disfraces, instantes de cuento, juegos de equilibrio, lápices de colores y unas normas claras de respeto y convivencia.

Durante esa hora, est@s niñ@s podían "descomprimir" de todo su día (¿su semana? ¿su mes?),  y entregarse a experimentar el juego y las relaciones interpersonales bajo el infinito paraguas del yoga. 

Y, poco a poco, el yoga fue cobrando cada vez más protagonismo.

Gracias a aquellas pequeñas "gotas de yoga" l@s niñ@s iban incorporando herramientas útiles para su día a día... Cómo respirar cuando estoy nervioso, cómo relajarme para poder descansar mejor... y más secretos interesantes para ellos.

Ahora, reflexionando sobre esta experiencia, pienso: ¿cómo podría haberlo hecho de otra manera? 

La respuesta se me hace muy clara: lo más importante en todas las clases de yoga, ya sean de niños, de adultos o del colectivo que sea, es mirar, mirar de verdad, aquí y ahora, a quién tienes en frente. Si realmente te conectas, aquí y ahora, con el momento presente, tu propuesta se adaptará orgánicamente. 

Finalmente, mi camino se ha ido por otros paisajes y no me he dedicado espcialmente a dar clases regulares de yoga para niñ@s. Pero os animo a descubrir el yoga con y para los niños de la mano de tantos profesionales sensibles y experimentados que ofrecen clases preciosas e inspiradoras, que saben bien lo que hacen y porqué. 

Clases donde, ante todo, se escucha al niño y a sus necesidades. 

Donde un niño cansado o alegre, triste o animado, puede sentirse tranquilo y en confianza, sabiendo que el adulto que le guía entiende lo que está pasando y puede acompañarle con paciencia, empatía y respeto.